EL AMOR Y LA TERNURA
Por el Dr. Jorge Carvajal
CAMINOS PARA AFRONTAR LA ADVERSIDAD

Capitulo 1
 
El Dr. Carvajal es médico de la Universidad de Antioquia, en Medellín. Desde hace más de veinte años, dedica su práctica clínica a la investigación y docencia de la medicina bioenergética, entendida como un modelo de integración entre las medicinas tradicionales y la medicina occidental. Además de trabajar en su consultorio en Medellín, el Dr. Carvajal ofrece sesiones transdisciplinarias de sanación y ofrece conferencias y seminarios sobre medicina bioenergética en distintas partes del mundo.
Su manera, modo y vision de enfocar el tratamiento de todo tipo de alteraciones está apoyado en algo tan sencillo como el amor. Sus conocimientos en todo tipo de terapias tanto convencionales, como holisticas o alternativas (incluso aprendio de las artes de sanacion chamanicas de la selva en su pais) le dan el prestigio de alguien que conoce a fondo la salud. Su corazon abierto transmite con dulzura y poder las alternativas a una medicina agresiva. El trato con el paciente, rompe todas los esquemas de la ciencia, pues está basado en la entrega total y en el amor. Sus tecnicas, tras experimentar y enseñar a sus discipulos el manejo nuevos instrumentos que emiten frecuencias infinitesimales como el microlaser, no violentas, asi como los filtros de distintas materias y colores aplicados al campo magenetico de la persona, el Dr. Carvajal apenas utiliza estos instrumentos porque su propia persona es el canal con el que dignostica y manipula puntos situados en nuestra envoltura magnetica, sin necesidad de introducirse en nuestro cuerpo o someterlo a analisis y pruebas.
Su vision de la sanacion es completa y abarca desde las visiones convencionales de la biologia, el genoma, la fisica, como terapias vibracionales ancestrales y sutiles. Finalmente deposita en el medico, en su capacidad de amar, de entregarse, todo el secreto de las grandes curaciones a que nos tiene acostumbrados en personas ya desahuciadas por la medicina normal.
Escuchar a Jorge Carvajal, llena de paz, porque en su discurso no existe oposicion a lo establecido, no rompe con nada ni lucha conta nadie, sólo amplia el conocimiento del ser humano, incluyendo tanto su cuerpo fisico, como su envoltura, sus emociones y sus aspiraciones espirituales. Y al mismo tiempo es una increible fuente de conocimientos cientificos de vanguardia, que sorprende y convence a todos los profesionales de la medicina que acuden a oirle. Sus seminarios son lecciones magistrales por su rigor y un balsamo de esperanza para las personas, porque renueva las ganas de vivir y la esperanza de que el hombre tiene capacidad para sanar, desde la libertad y desde el amor.
 
Se trata de movernos adentro, conmovernos... cuando un hombre es lo que es desde su corazón, cuando yo soy padre desde el corazón, cuando soy madre desde mi corazón, cuando soy hermano desde el corazón, amigo desde el centro, cuando soy un hombre o una mujer desde el corazón, en esos momentos soy un sanador, materia prima de la creación, materia prima divina, movimiento de la danza del creador. Así conmovidos por ese pulso interior del amor nace en nosotros el artista, poeta, músico o padre.Podemos llorar, reír cantar o gritar pero sólo si lo hacemos con amor tiene sentido. Cuando nace del corazón todo acto humano es sanador.
Todos los sistemas de salud del mundo están en quiebra, no solo en quiebra económica, sino en quiebra de humanidad, en quiebra de valores; Tal vez la medicina americana sea la más rica del mundo pero es la más pobre desde el punto de vista de los valores humanos; tal vez los pacientes americanos sean los mas desprotegidos del mundo por que podemos arreglar su hígado, su bazo y su riñón o practicarles un transplante de medula ósea, pero no se puede encontrar una ciencia con conciencia, una medicina con alma.
 
La crisis

Tal vez ahora nuestra mayor riqueza sea la crisis, prueba viva de que estamos creciendo. Pues la crisis es también la mejor estrategia de crecimiento espiritual. En muchas escuelas de formación y de crecimiento, cuando el alumno no tiene crisis se le provocan; la crisis es una obligación; si yo no tengo crisis contigo es porque no me conmuevo contigo, si no hay un poquito de rechazo, de aceptación y de fricción en la relación contigo, no se está puliendo el diamante de mi corazón, no está brillando la luz que yo puedo darte a ti. Bienvenidas sean las crisis cuando de ellas podemos aprender la lección.

Nuestro problema frente a la crisis es que atacamos o huimos, es que nos comportamos instintivamente, es que no hemos ascendido a nuestra humanidad. Vivimos las crisis de tres maneras. A la primera la vamos a llamar la crisis de sensibilidad; nos sensibiliza la muerte para revelarnos la vida; ahí está la enfermedad para revelarnos que hay algo que estamos haciendo de nuestra vida y con nuestra vida, ahí está tu dolor para descubrir que detrás del dolor había una lección de luz y de amor, ahí están mis problemas para revelarnos debajo de las apariencias en nuestra genuina y humana esencia; así que cuando tenemos la crisis, el problema no es la crisis, el problema es que la crisis no nos toque, el problema es nuestra indiferencia.
 
 

El miedo ha generado muchas formas de violencia, porque todas las emociones negativas son hijas del temor. En cada agresor está el miedo disfrazado de agresión. El temor es el padre de la violencia, esta es hija del temor que nace de la ignorancia de lo que somos la violencia nace del temor y el temor nace de la ignorancia de lo que somos, y esa ignorancia crea dos conflictos que están en la base de todos los conflictos: aversión y apego.

La aversión es el separatismo, el rechazo, el racismo, el totalitarismo; el apego es la dependencia, es el consumismo, es la fármaco-dependencia, es la drogadicción, es la adicción a una idea, a una ideología que separa y excluye todas las ideas, es la adicción a una religión. Estamos enfermos, esa es nuestra enfermedad, de dos cosas básicamente, de apego que es fundamentalismo, y de aversión que es anarquismo. El fundamentalismo existe en la economía y lleva al monopolio, existe en la política y es totalitarismo, existe en la religión, en la filosofía, en la ciencia. Pero el fundamentalismo crea una reacción adaptativa a escala personal y a escala social que llamamos anarquismo, frecuentemente nuestra rigidez produce anarquía en el cuerpo y esa anarquía, que son síntomas, dolores, enfermedad, es la sacudida del cuerpo frente a nuestra agresión, nuestro dogmatismo, nuestro fundamentalismo en la dieta, en la vida, en el horario, en el trabajo; el anarquismo es entonces la respuesta al fundamentalismo, y es aversión que se manifiesta en el plano social pero también en el plano personal;
Cuánto de aversión hay en una artritis, cuánto de odio hay en una enfermedad auto inmune, cuánto de resentimiento hay en una colitis ulcerativa, cuánto de soledad afectiva y de perdida de la identidad hay en un cáncer, no podríamos decirlo porque eso no se puede cuantificar, pero con seguridad, esos sentimientos y pensamientos, esa visión del mundo esta inscrita viva dentro de nuestro cuerpo, se vuelve anatomía se vuelve fisiología, se vuelve química.
Cuando una enfermera amorosa acaricia a un niño recién nacido, el niño crece al cabo de un mes 50% mas que los niños que tienen los mismos cuidadoso y la misma alimentación pero no han sido acariciados; ¿qué ingeniero genético hay en la caricia?, ¿Qué relación hay entre el contacto humano, la caricia y la hormona del crecimiento y todas las hormonas que hay debajo de la piel. La piel es un radar para continuar la vida, para fluir desde la vida, para entrar en contacto; hemos perdido el contacto y es ese contacto esencial de la caricia, el contacto de la mirada, el contacto de sentirte y de sentirme lo que nos falta para ser parte de una sola red.
 
El caso Roseto
Cuando revisamos recientes trabajos de investigación epidemiológica y analizamos los factores de riesgo en relación con la enfermedad descubrimos que el principal factor de riesgo de enfermarse de cualquier enfermedad crónica es la perdida de soporte relacional. Hay comunidades enteras como el caso de un pequeño pueblito de Pensilvania llamado Roseto en el que las estadísticas de enfermedad coronaria revelaban tasas inesperadamente bajas. Los investigadores llegaron a Roseto haciéndose muchas hipótesis, pensaban que la gente de Roseto era juiciosa, que no fumaba, que no trasnochaba, que eran algo así como san Franciscos de Asís en el corazón de Estados Unidos, y fueron y se encontraron ente que bebía y fumaba sin una dieta que descollara por lo sana. La única diferencia que tenían en relación con las poblaciones vecinas con una tasa mucho más alta de enfermedad coronaria, era que los habitantes de Roseto tenían una familia, como las antiguas familias colombianas, como las familias paisas, una familia abierta, amorosa, donde todo el mundo compartía la mesa, el dolor, la vida. La familia era una sólida red de soporte afectivo.
Lo extraordinario era que cuando la gente se iba de Roseto empezaba a tener infartos. Irse de Roseto era perder el efecto protector de relaciones humanas que demostraron en otras investigaciones ser un indicador fundamental de la evolución de la salud en general. La evolución del recién nacido está así mismo en relación con la calidad de la relación comunicación de los padres durante el embarazo; en la epidemiología de la religión, nos encontramos que el pronostico de la enfermedad terminal, cambia cuando se cree en un existencia trascendente, que vive en mi corazón, si yo tengo fe en una vida mas allá de la vida, si mi vida tiene sentido mucho mas allá del cuerpo.
 
El sentido de la vida
Empezamos a descubrir entonces que hay una medicina imperial, y esa medicina imperial se llama el sentido de la vida, que podemos vivir la vida de muchas maneras, pero sin sentido es imposible vivir una vida de calidad.
Ese sentido de la vida no esta en mi, sino en mi naturaleza, que hace parte de la naturaleza del otro, esta en mis hijos, en mi sociedad, en mi humanidad, en mis hermanos, en aquello que yo puedo darle a la vida, y mientras yo tenga algo para regalarle a la vida y alguien que abra los brazos y reciba es regalo, mi vida tiene sentido, cuando yo no puedo dar de lo que soy de lo que tengo, de mi vida, no solo de lo que se, de lo que conozco, sino de lo que siento de mis sentimiento a la vida, la vida empieza a perder sentido.
 
El amor es esa sustancia invisible y milagrosa que mantiene el puente de la relación que hace de nosotros un solo cuerpo, una sola humanidad que establece en la relación medico paciente una relación terapéutica, pero que hace de toda relación humana siempre una relación terapéutica, todas mis relaciones son terapéuticas, en un sentido positivo o en un sentido negativo, lo terapéutico es lo relacional, es la calidad de mi relación. Frecuentemente no es mi aspirina, es la sonrisa de mi corazón que florece en mis labios, frecuentemente es el abrazo, es la acogida amorosa, es la comida que preparo, es la mirada comprensiva que te emito, es mi silencio, es mi compañía silenciosa, es mi solidaridad sin ruido.
Lo terapéutico no es mi juicio ni mi diagnostico, ni mi pronostico, lo terapéutico siempre está presente por que la vida y el amor se conjugan en presente, la vida no existe en el futuro ni en el pasado sino ahora y aquí en el momento único en que me puedo dar íntegro.
Así empezamos a descubrir que nuestra primera crisis es de sensibilidad. Si nosotros despertamos a la sensibilidad, a la capacidad de conmovernos interiormente desde el corazón, si yo llevo tu imagen a mi corazón como hacen los maestros tibetanos y la siento dentro mi corazón y la acaricio desde mi corazón y vivo tu dolor en mi corazón, eso es terriblemente terapéutico y nosotros lo conocemos, eso hace parte de una medicina milenaria, la única medicina universal en todas las culturas que se llama la sanación, eso no es un patrimonio de los médicos sino de un sistema médico que es una estrategia de adaptación y supervivencia de una cultura entera.
Nosotros creemos que los sistemas médicos son los sistemas de los trabajadores de la salud, pero no es así, los sistemas médicos son sistemas de creencia y la ciencia es una partecita del sistema médico. Mi concepción y visión del mundo determina mis actitudes frente a la vida, mis hábitos en la vida cotidiana es el principal determinante de mis enfermedades. El 70% de nuestras enfermedades depende del estilo de vida, entonces qué estamos haciendo con más hospitales, con más presupuestos, con más programas de salud, si el programa de salud es despertar el médico interior, es despertar la conciencia de lo que tú eres, es despertar tu capacidad de conmoverte, es llevarte e identificarte otra vez con tu hermano y tu hijo, es empezar a sanar la vida y a sanar la tierra desde tu interior, no es sanar el universo afuera, es sanar el universo interior, no es conquistar a la guerrilla y a los paramilitares sino es acariciar al guerrillero que cada cual tiene en su corazón, al paramilitar que cada uno de nosotros llevamos en el corazón, a ellos enfrentados en dependencia o en odio permanente que hacen que nuestro cuerpo sea ese teatro en el que toda la conmoción social del miedo, el terror, la agresión o la violencia se está desarrollando.
 
La ternura
El problema no está ocurriendo en los llanos orientales o en la zona de distensión o en la plaza de Bolívar o en Ruanda, el problema está ahora vivo y aquí en nuestro corazón y cuando despertamos ese corazón a la humanidad empezamos a despertar la ternura; la ternura es esa cualidad blanda, fluida, transparente inocente, incondicional que brota del corazón cuando por fin sin máscara uno es capaz de dar de lo que tiene, de lo que es.
En la ternura tu no puedes dar ni más ni menos que tu vida en la ternura no se calcula, tu no piensas voy a ser tierno, ustedes no se imaginan eso, tú eres tierno porque te nace, tierno porque te fluye y te fluye con todo el cuerpo, con toda el alma no sólo con las palabras, te fluye con los ojos, te cubre con la música de tu vida. Miren un niño que es tierno y es tierno por excelencia, un niño vive una emoción con todo su cuerpo, todo su cuerpo gime, todo su cuerpo se sacude, todo su cuerpo solloza, todo su cuerpo se vuelve cálido, blando y vulnerable en un momento de ternura.
Ese lenguaje infinito que un bebé tiene para conquistar a su madre es el ritual de desarrollo, él no se nutre de leche, la leche es la nutrición material, él se nutre de ternura y el río de leche es realmente un río de ternura y si no hay ternura la leche no nutre porque yo puedo coger un niño y darle biberón y cambiarle los pañales a la misma hora y ese es un bebé de alambre que se voltea contra la pared y se deprime y se desnutre y altera hormona de crecimiento y todas esas cosas que los médicos conocemos porque es que nosotros no nos nutrimos de cantidad de cosas, de calorías, nos nutrimos de calidad, aún el alimento es un portador de la calidad de la vida y esa calidad de la vida está envasada en un recipiente esencial que es la presentación exterior del amor y ese recipiente esencial lo llamamos la ternura.
Pero el ritual de desarrollo no se ha acabado; el ritual de desarrollo es un ritual de apertura amorosa y consiste en que cuando el niño es estimulado, el primer reflejo que tiene cuando nace, es un reflejo de moro, un reflejo fantástico; él abre todo su cuerpo, abre sus brazos y se extiende como abrazando el mundo y luego se cierra y abraza. Es como si nuestra programación fuera abrazar, pero abrazar no-solo con zeta sino con eses; ese es el fuego de una llama consumidora de Dios en nosotros, que es un fuego consumidor; un fuego de la fusión, es el fuego que se está realizando segundo a segundo en el sol, la fusión; y que está permitiendo la vida en la tierra.
 
capitulo 2
 
Estamos aquí para fundirnos, para unirnos, para enriquecer nuestra unidad a través de nuestras diferencias; para ser un universo que permite que realicemos una permanente síntesis como humanidad. Estamos aquí para abrazarnos, pero abrazarnos con los ojos, con el conocimiento, con la actitud, con el pensamiento; a formar con la naturaleza, de la que nosotros somos una parte, la red de conciencia que llamamos la humanidad, a formar si se quiere dentro de la religión occidental cristiana, el cuerpo místico de Cristo; a comulgar, pero a comulgar con la vida viva en el otro, a comulgar con el paciente, con el hijo, con el río, con el pájaro, con la flor, conmigo mismo aceptando mi propia naturaleza y entendiendo que soy mucho más allá de la naturaleza química del cuerpo; que soy sentimiento, emociones, pensamiento y espíritu unidos en un vórtice de conciencia que se desplaza hacia el centro de la galaxia, que es un aspecto de la conciencia de Dios también; a demostrarnos que ese es un Dios tierno, que cuando somos tiernos, es Dios dentro de nosotros el que fluye y el que puede sanar y el que da la vida; a entender que venimos a perder la vida, es decir a dar todo lo que somos, hasta la vida, porque solo dando lo que somos adquirimos la vida de la misma manera, solamente cuando expiramos podemos volver a inspirar. La vida es una inspiración permanente, un renacimiento permanente después de esa pequeña y vivificadora muerte que consiste en darse entero a través del servicio.
A Dios, lo podemos llamar como Gabriela Mistral, "el que sirve"; toda la naturaleza es un anhelo de servir; la naturaleza es servicio; un hombre y una mujer, son un hombre y una mujer cuando sirven, cuando dan su nota fundamental, cuando no vienen a competir, sino a compartir, cuando el paradigma básico del consumo se nos transforma en el paradigma esencial del dar, porque es dando como se recibe. Esa escala de valores fundamentales que nace con la ternura, no nos desgasta puesto que si yo te doy $10, quedo $10 más pobre;
Pero si yo te doy amor, quedo infinitamente más rico de amor; si te doy una sonrisa, no me quedo más pobre, sino infinitamente más rico; y si yo siembro una sonrisa en tu corazón y tu siembras una sonrisa en el corazón de tu maestro, cuando vas a la escuela, y el maestro la siembra en todos los niños y todos los niños la siembran en todas partes, esa sonrisa, que fue una pequeña mariposa que se desplazaba en tus labios, se ha vuelto un huracán de amor; al cabo de una semana, el amor se multiplica, es milagroso, en el milagro del amor es dividiendo como se multiplica, el amor es intrópico, neguentrópico.
El mundo va hacia la entropía, la desorganización, el caos, pero el amor y la vida van hacia la información más perfecta, hacia el amor; realmente la ley de la vida es la ley del amor y esa ley se expresa a través de la ternura que es nuestra riqueza. Frente a la crisis, no atacar, ni huir. Conmoverse. Si tu me gritas, desde mi corazón conmovido, yo se que estás pidiendo auxilio, yo tengo que interpretar ese código; El que más duro grita, es el que más ayuda necesita; el hombre no es malo, es ignorante de su propia condición; y la ignorancia de su propia condición lo lleva al apego o la aversión, que son nuestras dos grandes enfermedades; y el apego genera el consumismo que hace de la salud, una mercancía.
Podríamos hacer todos los cálculos del mundo sobre los presupuestos de salud y nunca lo lograríamos, porque la salud no se puede medir en términos económicos. La salud no es el completo estado de bienestar físico, emocional y mental. Eso es ilusión. Quien haya logrado el completo bienestar físico, emocional y mental, no es un ser humano, no es un hombre, a lo mejor es un ángel clandestino que está aquí entre nosotros; la salud es una tendencia hacia el equilibro; no hay una sola persona en el mundo que no tenga por lo menos dos enfermedades, así sea en incubación, pero las tiene; Cuando se hicieron estadísticas en la población americana, para algunos creo que son unos 280 millones de personas, encontraron como 360 millones de enfermedades crónicas; entonces no se trata ahora de combatir la enfermedad ni combatir la crisis, se trata es, de vivir la vida; es una cosa muy distinta, porque yo puedo en medio de la crisis vivir la vida.
La crisis es tan necesaria a nuestra sociedad y a nuestras vidas como es el surco para la semilla. La crisis es el surco donde podemos sembrar la semilla del amor y sí esa semilla se riega con ternura, con el calor, el sudor y las lágrimas, su fruto libertad; pero sin ternura, sin amor, sin un buen carácter, sin responsabilidad, sin inclusividad dentro del separatismo, es imposible que nosotros conquistemos la libertad y sin aceptar el surco de la crisis, sin conmovernos, sin dar desde nuestro interior lo mejor que tenemos en nuestro corazón, no podemos hablar de paz; la paz no es una cosa que se negocia afuera, la paz es algo que negocio conmigo mismo y no es un negocio sino que es la mejor inversión de la vida.
Cuando sembramos en el surco de mi vulnerabilidad, podemos hablar de paz; hablamos de paz cuando todos nos sentimos vulnerables, cuando sabemos que no somos perfectos; hablamos de paz cuando no nos erigimos en jueces de los unos ni de los otros; podemos hablar de paz, cuando nuestro amor es responsable, es decir, cuando yo no te doy de lo que me pides, sino de lo que tu necesitas. La peor enfermedad, es el amor, cuando nuestro amor no es responsable y se convierte en amor para la transacción y el consumo.
En la práctica médica vemos muchas personas que van a buscar, no el especialista en cáncer, o en bioenergética, o el que maneja el láser, o el que hace milagros; ni siquiera un milagro buscan. Lo único que buscan es restablecer la red deshecha de su vida, el vínculo perdido. Buscan el padre que no tuvieron, la madre que no tuvieron, el consejero, o el oído amoroso, o el silencio que jamás la vida les concedió; buscan un hombro para llorar, buscan un ser humano para abrazar, buscan en medio de la multitud, que alguien les haga sentir en su corazón, que vale la pena vivir y que no están solos. Eso es sanador y frecuentemente es suficiente. Si tú los escuchas, si no estás pensando en la respuesta, sino que simplemente escuchas; Si tu eres capaz de llevarlos a tu corazón y vivir su dolor; sí tu, en lugar de pensar en las respuestas y en las palabras, eres capaz de callar un minuto mientras lloran, o mientras su dolor se derrama sobre ti; si tu eres capaz de hacer que tu cuerpo sea como un violín para que él pase el arco de su queja, y entre los dos establezcan esa bella sinfonía de la comunicación; si tu eres capaz de darle eso simplemente, lo que él necesita, no sobreprotegerlo sino enseñarle a que despierte a esa seguridad de que no está solo, de que el amor habita en su corazón, entonces, tu lo estás sanando.
Nuestro cuerpo está sujeto a leyes del amor; esas leyes son leyes magnéticas; el amor lo podemos definir como una fuerza que atrae; es una fuerza que da coherencia; pero para que esa fuerza se manifieste tiene que haber excitación; vivir la vida con ternura, mejor dicho vivir la vida, es vivirla de una manera excitante; si la vida no nos conmueve, no nos excita, y si no hay excitación no hay intercambio de información; no hay magnetismo y no hay amor; para que haya atracción tiene que haber excitación o sea nos tenemos que excitar interiormente; el niño que no aprende más que dificultades intelectuales, tiene carencia de un maestro capaz de conmoverlo. Igual ocurre con nuestras relaciones humanas, deberían conmovernos. Para que dos átomos reaccionen se tienen que excitar, si no hay un electrón que se activa y salta al orbital periférico y no hay una emisión de luz, no hay reacción química; una reacción química existe solamente después de que los átomos se han excitado, pero no solo después de que los átomos se han excitado cuando el electrón regresa a su punto de partida él libera luz, libera un fotón.
Realmente se sabe desde el punto de vista físico, que toda reacción química no es ni más ni menos que un intercambio de luz; pero lo mismo en la química del sexo, en la química de la paternidad, de la maternidad, de la relación médico-paciente; Existe esa magia invisible, ésa empatía, esa resonancia que hace que nosotros podamos construir algo que es superior a lo que cada uno de nosotros somos, es decir, que tu te vayas mejor de lo que viniste y que yo me quede mejor que cuando tu llegaste, pues intercambiamos nuestra luz.
 
Somos como dos átomos, como dos planetas, como un cometa que cruza la órbita de un planeta. Cada encuentro humano, en ese sentido, es un evento cósmico; pero tal vez el más cósmico de los eventos y el más importante, es el motivo de todas las religiones del mundo; es el encuentro conmigo mismo; vamos por la vida buscándonos, mirándonos en el espejo del otro, mirando si alguna vez nos encontramos; pero no nos hemos encontrado con nosotros mismos más allá del intelecto; no nos hemos encontrado con esa otra estrategia del conocimiento, que es el conocimiento emocional; yo no solo te conozco intelectualmente, te conozco emocionalmente en el silencio, te percibo y esa percepción emocional, puede ser más importante terapéuticamente, que el diagnóstico que yo haga de ti.
Vamos a conmovernos, vamos a vibrar;
 
 
Capitulo 3
 
Ahora vamos a ver un ser amoroso, Dios, Jesús, el santo de nuestra devoción, nuestra madre, el amigo del alma, la esposa, el esposo, el que cada quien encuentre como paradigma del amor en su vida; Visualicemos ese ser con los brazos abiertos, vemos que se arrodilla, nos vamos aproximando lentamente; ahora corremos y nos abalanzamos en sus brazos y suspiramos todos, empezamos a suspirar, con sonido, duro, duro, duro; es una experiencia vívida, duro, duro, duro, ahora vamos a abrir los ojos, caminemos y abrazamos a alguien que va a hacer las veces de ese ser; vamos a apoyarnos sobre su hombro y vamos a suspirar un ratico y luego invertimos el rol.
Olvidemos los lugares, donde estamos, las caras, simplemente allí donde el cuerpo los invite, ustedes se van a dar un abrazo, no desde el cuerpo sino desde el alma; es la madre o el padre o Dios, que los abraza a través del otro. Todos salgan de sus puestos, todos, caminen rápido, el permiso es abrazar, es perdonar, no es una visita social, no es decir donde vives, es sentirse. Que nadie se quede sin el abrazo, todos van a circular.
Hay muchos que necesitan de nosotros, ella necesita de nosotros, las lágrimas genuinas, esas que salen del corazón son lagrimas sanadoras; no existe medicina más imperial que las lágrimas, cuando salen mas allá de la vergüenza, cuando yo me desnudo ante ti, cuando confieso que soy débil, cuando confieso que en mí hay miedo, que hay culpa, que hay temor, que hay frustración, que hay resentimiento.
Cuando yo me confieso ante ti, no desde las palabras sino desde la actitud y desde la vida, en ese momento me estoy sanando; las lágrimas son la mejor oración al creador, las lágrimas son producto del médico interior, son el mejor medicamento homeopático del mundo. Yo la abracé y ella estaba calladita, pero yo sentía mucho dolor por ella, y la abrazo, y yo siento su dolor en mi corazón, y cuando yo siento su dolor en mi corazón, lágrimas muy bellas salen, esas son lágrimas de vida, lágrimas de ternura, lágrimas de transparencia, las lágrimas que todos tenemos escondidas.
Realmente muchas de nuestras enfermedades son penas guardadas, son el río de la vida escondido, son nuestra transparencia resguardada debajo de un abrigo terrible de rigidez y perfeccionismo.
Pues bien, ahora vamos a apoyarla porque todos somos sanadores, vamos a llevar las manos a nuestro corazón, vamos a llevar su imagen a nuestro corazón, ella es la mujer, ella puede ser la madre nuestra, la hermana nuestra, nuestra amiga; ella es el dolor de la creación, que también esta en nuestro corazón, y vamos a sentirla en nuestro corazón, vamos a acariciarla, vamos a llenarla de ternura, vamos a decirle como si se lo gritáramos con todo el sentimiento que no está sola, que comprendemos su dolor; su dolor es nuestro dolor; te doy lo mejor de mi, te damos lo mejor de nosotros, te damos nuestra vida, nuestro silencio, nuestra solidaridad, nuestra oración, nuestra intención para que el mensaje de ese dolor se revele, para que aprendas la lección del dolor, para que detrás del dolor en ti se revele la luz y el amor.
Todo dolor es un fuego transmutador, es una lección que tenemos por aprender, y cuando la aprendemos conquistamos libertad Cuando sus hijos estén dormidos, cuando su esposo esté dormido, cuando su paciente duerma, cuando no esté con ustedes, no esperen que los estén viendo; la ternura siempre es impersonal, cierren los ojos, digan una oración, o sientan una intención amorosa, con la seguridad de que esa intención es mas sanadora que todos los medicamentos del mundo; y no importa quién lo cure, siempre es Dios el que sana, ya sea con un bisturí, con una oración, con una meditación. En esa ternura siempre va la esencia de Dios que es amor.
Ellos nos enseñan mucho realmente. El que sufre, el que llora, el que se hace transparente siempre es nuestro maestro. Yo, frecuentemente como médico, me pregunto quien es el médico, si ellos me sanan con su dolor, ellos me sanan con su valor, ellos me dan lecciones de vida en su sufrimiento, ellos me enseñan de aceptación, de paciencia, de tolerancia, de fe, de confianza y aún cuando se están muriendo, siempre tienen una confianza infinita en que tus manos van a ser las manos de Dios prolongadas.
Los médicos los desahuciamos, pero ellos nunca se dejan desahuciar porque hay algo que nosotros no podemos redecir y es el alma, es la conciencia, es la vida permanente; los milagros en ese nivel de la conciencia existen, para mi la ternura produce milagros. Yo he visto desarmarse los líos más impresionantes del mundo con un poquito de ternura, con el detalle.
Venimos a aprender. Cuando nos quitamos la máscara de los expertos. Delegamos nuestro mundo a los expertos; los expertos en política, en medicina, en filosofía; entonces nosotros delegamos la vida, hasta la religión a los teólogos y a los expertos. Y ¿dónde está mi relación conmigo y con el hijo y con Dios? Si no lo dice el pediatra entonces yo ya no tengo el sentido común para darle la compota al niño. ¿Dónde dejamos nuestra libertad, nuestra autonomía, nuestro poder interno, nuestra creatividad, el arte de ser humanos? No podemos seguir dependiendo de los expertos, tenemos que conquistar esa libertad intrínseca que es lo que nos hace específicamente humanos, para volver a humanizar la vida y lo que también significa salir de esta terrible confusión.
Hemos confundido la vida con el cuerpo, eso equivale a que yo confunda lo que yo soy con esta chaqueta y que si me quito la chaqueta ya no soy nadie; o con los zapatos o con el vestido roto, pero un hombre no es el cuerpo, el cuerpo es el instrumento del hombre; Dios no es el templo, el templo es el lugar donde se manifiesta Dios, este templo es el lugar donde se manifiesta mi conciencia y no se acaba con mi muerte, porque es que la vida no se termina, nosotros creemos que acabamos con la vida; pero la vida se siembra. Cada muerte es realmente una siembra de vida, porque la vida es una estrategia continua de evolución que tiene el tiempo de la creación; es decir, para el sistema solar actual unos 10 a 15.000 millones de años y no se acaba porque el 11 de agosto es el Apocalipsis como alguien anunció.
El Apocalipsis es cuando yo pierdo conciencia de mí, el infierno es cuando yo me sumerjo en el fuego de la aversión y de la envidia y del separatismo. El cielo es la conciencia de mi unidad con la naturaleza que, a su vez, es la danza del creador.
Yo soy parte de su danza, eso es otra cosa, nosotros andamos por la vida enfermos de una enfermedad muy grave que es el miedo de morir. El miedo a la muerte es la madre de todos los miedos y se manifiesta de muchas formas; a veces se manifiesta como insomnio, el sueño es una pequeña muerte. Y yo me muero un poco cuando me retiro, pierdo una parte de la conciencia de mi cuerpo. Mucha gente que no duerme es por el temor de perder la vida, por el temor de morir; detrás de esa gran madre de todos los temores está buena parte de nuestros dramas.
Qué nos pasa a nosotros en Colombia que nos dejamos chantajear porque tenemos miedo? En el momento en que dijéramos basta, porque la vida no puede ser destruida, porque la vida es dignidad, porque la vida es amor, porque la vida es libertad, porque la vida son valores que trascienden el individuo y que trascienden el cuerpo y hacen parte del río de esta conciencia que llamamos la humanidad, en ese momento cuando ninguno de nosotros tuviera miedo de morir, no sería un negocio la amenaza de la vida, porque la vida no se puede amenazar. Se puede amenazar lo que tienes pero no lo que eres, el ser no se puede destruir porque el ser trasciende tus moléculas.
Si nosotros simplemente aprendemos la lección de quienes han vivido la vida más allá de la vida, empezamos a comprender que aquellos que se han muerto y que vuelven clínicamente, no vieron el infierno ni vieron el fin, sino que vieron la continuidad de la conciencia, la imagen de Dios, la imagen de luz, la imagen de los que se fueron, la imagen de Buda o de los santos; de todas maneras vienen y nos revelan que lo que existe más allá es continuidad de la conciencia más allá del cuerpo, pero también vienen y nos revelan que cuando uno se muere clínicamente y tiene oportunidad de volver, lo único que pasa es que se vuelve un mejor ser humano. Todos se volvieron mejores seres humanos, todos cambiaron la dimensión de su propia historia, de su propio tiempo.
Cambiaron el tiempo de las expectativas que es el tiempo del futuro y el tiempo de las culpas, que es el tiempo del pasado, por el tiempo del amor que es el presente y entraron en el infinito de la conciencia y el infinito de la conciencia es cuando yo soy lo que soy, en cada momento idéntico a mi, es decir coherente. Empezaron a conquistar la coherencia.
Esta es una cultura de la muerte, no porque hay muertos sino porque tenemos tanto miedo de la muerte que nos hemos condenado a muerte y, por huir de la muerte hemos negado la vida y nos hemos negado la calidad de vida. La vida no es un asunto de cantidad, no hay que darle años a la vida sino vida a los años, hacer que este instante sea infinito desde tu corazón, desde tu centro.
 
Cuando tu pensar, tu sentir y tu actuar no están disociados, cuando no tengas tus pensamientos en Cafarnaum y tus sentimientos en las vacaciones en la costa y tu acción aquí, cuando con todo tu ser estes ahora y aquí tendras coherencia. Lo que nos ocurre en la vida es que el amor y la conciencia son como un láser pero cuando ese láser se desintegra se vuelve luz ordinaria porque nos dispersamos. Si solamente los sistemas de atención en salud fueran eso, sistemas de atención; si solamente yo estuviera genuinamente contigo, un minuto pero contigo no con mi conciencia repartida en todas partes, en ese minuto yo tendría paz y tendría amor y nuestra relación sería liberadora porque en ese minuto yo resueno contigo, soy coherente contigo, te escucho; en ese minuto tu me excitas, es decir me conmueves. En ese minuto hacemos el amor a la vida no en el sentido de la sexualidad ordinaria, sino en el sentido de la sexualidad cósmica que es la unión y la comunión.
Cuando entramos en comunión nos estamos sanando, porque hay una conciencia que nos trasciende y que nos supera y esa conciencia ha sido considerada en todas las religiones del mundo. Así que la primera crisis es la crisis de la sensibilidad. El temor del dolor, niega la lección de amor que siempre aporta el dolor.
Tenemos que vivir el dolor intenso ahora y aquí tal cual él es porque ese dolor va a revelar nuestra esencia, ese es el dolor que destruye la escoria, el que nos hace reconocer aquello que no somos para descubrir en el fondo lo que realmente somos, nuestra auténtica esencia y cuando tocamos ese fondo, cuando somos iguales a nosotros, cuando comprendemos que somos proyectos cósmicos únicos e irrepetibles, cuando sabemos que vinimos a dar una nota fundamental que nadie puede dar por nosotros en la sinfonía de la vida, en ese momento la vida se llena de sentido y cuando la vida se llena de sentido, la muerte adquiere sentido y el temor pierde su sentido.
Sentimos que el nacer y el morir, como el inspirar y el espirar son simplemente parte de la cadena de la conciencia que llamamos la vida; nos sumergimos en esa vida más abundante, la vida del aguador, en el agua viva de la vida que todos somos cuando realmente somos células de toda la naturaleza.
En ese momento ya no somos polvo de estrellas sino esencia misma de la conciencia estelar, somos parte de un proyecto creativo del que participamos, somos creadores, cocreadores dentro de ese proyecto porque tenemos conciencia de nosotros, no como conciencia intelectual sino como capacidad de sentir integralmente, capacidad de conmoverme.
En ese momento cuando nos damos no damos la palabra, la palabra se convierte en música del corazón. El amor integra todas las acciones y somos así la integridad y la salud es realmente integridad, no es ausencia de enfermedad.
Yo conozco muchos sanos terriblemente perdidos, enfermos, y conozco enfermos terminales con SIDA que están más sanos que todos nosotros juntos, porque son más íntegros, porque están viviendo la coherencia, la ternura, el amor, el sentido de la vida y aún el sentido de su propia enfermedad como un maestro único e irremplazable. Cuando vivimos esa posibilidad de conmovernos, es decir, de reaccionar totalmente, honestamente frente a un evento, empezamos a comprender que eso que llamamos el mundo, no es el mundo, es nuestra visión del mundo.
Realmente el mundo no es lo que parece ser, vemos el mundo como somos,
es decir, que lo vemos con los anteojos de nuestra visión del mundo y a veces son lentes oscuros para ver la vida gris o negra. Cuando empezamos a ver todo el arco iris y lo integramos y nos quitamos los anteojos y empezamos a ver que podemos crear el mundo cuando, vemos el mundo que estamos proyectando, nuestra película, nuestro rollo, nuestros condicionamientos sobre el mundo, y que nos podemos liberar de esos condicionamientos, surge otra manera de ver la crisis, esa manera de ver la crisis la podemos llamar la crisis del despertar.
Primero tenemos la crisis de la sensibilidad, sufrimos el dolor, atacamos la crisis o vivimos de la crisis o nos conmovemos interiormente con la crisis. Esa sacudida nos despierta. Cuando nos despertamos vivimos otra conciencia de la crisis y que nos lleva a tener conciencia de nosotros; es decir la crisis es un contexto en el cual ganamos conciencia de nosotros; entonces surge el yo, ¿y yo qué tengo que ver con esta crisis? y ¿qué de esta crisis me toca y qué me corresponde y cómo he participado yo en la génesis de esta crisis no solo por acción, sino por omisión? Empieza un camino muy bello, que nos saca del sendero de la ignorancia. Digamos que la vida es como una escuela que tiene tres aulas. Una es el aula de la ignorancia, allí sufrimos los eventos, nos quejamos de los eventos, atacamos los eventos o huimos de ellos, simplemente estamos allí soportando y sufriendo como víctimas inermes, las inclemencias del tiempo de la vida; luego viene el aula del conocimiento, es decir, los eventos no son externos, hay una lectura que puede cambiar los eventos. Para uno el dolor produce pánico, pero para otros el dolor produce poemas, un poeta decía, "mi dolor produce poemas" La tercera es el aula de la Sabiduría: el conocimiento se convierte en comprensión y cobra vida en el corazón.
De las cosas más hermosas que ha producido el hombre, muchas han visto la luz en momentos de sublime dolor; la música, la poesía del dolor, son de lo mas elevado espiritualmente que ha habido en la historia de la evolución humana. Muchos de los grandes personajes, aquellos que han transformado el mundo, lo han hecho a partir del fracaso y a partir del dolor han construido una visión del mundo suficientemente magnética como para transformar grandes periodos de la historia. En ese momento en que yo me empiezo a preguntar ¿quién soy? Empieza un sendero fabuloso que es el de las relaciones consientes con el mundo. El templo del espíritu realmente es un templo de relaciones, no son las partículas, y los físicos lo descubrieron ya, lo importante en el mundo de la física no es la materia, no son las partículas, es el espacio vacío entre las partículas, es la red de relaciones entre las partículas; una partícula físicamente, no es sino un patrón de relaciones, un hombre es un patrón de relaciones; yo soy padre porque hay hijos, soy hombre porque hay humanidad.
En ese patrón de relaciones contextual, el despertar es entrar en el contexto de la historia para hacer la historia viva, empezamos a comprender el porqué de la vida, no sufrimos la historia porque ya la historia no es una historia muerta, no es historia del tiempo en que nos casamos y el tiempo en que nacimos, la fecha del nacimiento y la fecha de los grande eventos; es una historia plena de significados; cuando empezamos a leer el significado de la historia, cuando una sociedad empieza a leer el significado de su historia y aprende la lección, no tiene que repetirla.
En ese momento despierta a la conciencia de sí y ese despertar a la conciencia de si genera una serie de preguntas, que constituyen ese sendero del aprendiz o discípulo, es el hombre que busca el sendero de su vida, el discípulo es un aprendiz, un aprendiz nunca es un maestro. Un aprendiz es aquel que es humilde, desapegado, disciplinado, coherente. El empieza a comprender el ritmo que llena la vida de sentido; tiene sentido que anochezca y tiene sentido que amanezca y el sentido ya no es jubilarse y lograr la seguridad de la supervivencia, sino darle otra dimensión cualitativa a la vida. Cuando empezamos a despertar a ese sendero del discipulado, ya el amor es un amor que va capturando un embrión de responsabilidad, ya la vida no es la vida del cuerpo, sino esa esencia permanente que en nosotros empieza a nacer a la medicina y a la psicología del alma.
 
Capítulo 4
 
El alma en mi, el ángel solar, el ser permanente, aquello que en mí no puede morir, mi chispa divina, aquello que en mí es conciencia pura, aquello que sigue vivo cuando muera, se empieza a manifestar en el templo de mi cuerpo y empiezo a conquistar algo que se llama la transparencia, la cual es necesaria a la ternura y al amor.
Una relación amorosa o una relación tierna no es posible sino desde la transparencia. La transparencia literalmente es trans-apariencia, ya no nos importa la imagen que proyectamos al exterior, somos lo que somos en el baño, en la cocina, en la casa, con los pacientes, en el corredor, no tenemos que ponernos ninguna máscara en ningún momento. El pensar, el sentir y el actuar son coherentes porque no pensamos de una manera, sentimos de otra manera y actuamos de otra manera. Se acabó la esquizofrenia de la vida, estamos decididos a ser, ni más ni menos de lo que somos, lo que somos, no somos nosotros mismos para competir, para acomplejarme por no ser tan bueno sino que yo tengo una sola nota, yo soy un tambor y me toco. Damos de nuestra música. Somos un tambor y sonamos como un tambor, no tenemos porqué ser el primer violín de la orquesta.
Hacer aquello que hacemos desde el corazón permite que los actos sean puros, eso es lo que llamamos la pureza magnética, esencia misma de toda relación humana y sobre todo de toda relación terapéutica; es pureza de intención. Yo no tengo dados cargados, yo pienso en ti pero simultáneamente no estoy pensando en mi bolsillo, no estoy calculando, ahí no existen cálculos, existe el pensar, el sentir y el actuar conjugados en un solo movimiento coherente total en el que entro en el tiempo ya no del pasado, ya no del futuro, de la culpa o la expectativa sino de la sincronicidad. En cuerpo y alma estoy aquí, con alma, vida y sombrero para oírte, para acompañarte, para escucharte; este momento es inaplazable, este instante, este segundo es irrepetible, no va a haber dos segundos como este en toda la historia de la evolución y la huella de nuestra interacción va a estar impresa en esos segundos; de segundos un contenido infinito aprovecho para vivir desde la transparencia.
Cuando nosotros tenemos transparencia viene algo muy especial, que es condición del amor y de la ternura, y es la levedad. La levedad es la edad leve, regresamos a la infancia, dejamos el fardo de lado; dejarnos el equipaje pesado, el ego de lado; Dejamos los condicionamientos, los cálculos, el orgullo; Como un niño que eleva una cometa, somos cometa y viento y paisaje y nos olvidamos de todo el resto porque en ese momento somos el presente. En la levedad la vida se vuelve apasionante porque se vuelve un convierte en hobbie, ya nuestro trabajo no es lugar donde hay que ir a aguantarse al jefe sino el lugar donde se proyecta nuestro corazón.
Nuestro trabajo hace parte del proyecto de vida; ya no hay lugares afuera, todos los lugares de afuera son proyecciones de un lugar interno. En la levedad, que es la edad de la inocencia, nosotros volvemos a ser fluidos como un niño, vuelve a nacer la poesía; ahí todo tu potencial escondido, todo aquello que has negado de ti mismo aparece, ahí aparece el médico, el sanador personal o el sanador de otro, en ese momento eres un sanador porque tu luz puede emanar, porque tienes un aura magnética atractiva, porque cuando estás frente a mí yo no necesito tocarte, yo te envuelvo con mi ser, te envuelvo con mi vida, no solo con mis electrones sino con mi pensar, mi sentir y mi actuar coherente; en ese momento yo estoy induciendo en ti como si fuera el imán de armonía, una vibración coherente.
Las atmósferas se contaminan, nosotros nos quejamos de la polución, y del ruido. Pero ¿cuánto ruido hay en nuestra mente?, En nuestro corazón? Tal vez lo más venenoso que existe en nuestro ambiente es el resentimiento, yo he visto artritis por resentimiento, lupus por resentimiento, supongo que muchos cánceres que se disparan de una manera incontrolable están relacionados con el resentimiento.
Nosotros nos alimentamos de una atmósfera emocional, tenemos un sol interior que es el alma, nos alimentamos de la luz de ese sol interior, el cuerpo físico tiene un tipo de alimento pero nuestra vida toda interna toda tiene también un tipo de alimento que se relaciona con la calidad de nuestras emociones, pero esa calidad de emociones se depura cuando yo decido ser el que soy, cuando soy transparente, cuando no pretendo aparentar frente a ti ni más ni menos de lo que soy; cuando en ese momento te puedo dar aquello que soy, mi vida desde el centro, en ese momento puedo sanar la relación y ese sanar la relación desde ahí implica, que el mundo empieza a sanarse en nosotros.
Porque cuando somos transparentes el mundo no está fuera sino dentro de nosotros; Somos el universo; el dolor del universo y todas las guerras se iniciaron en el corazón del hombre y es en el corazón del hombre donde podemos sanar la guerra. En la levedad no existe indiferencia, ni apatía porque la levedad es la plenitud del compromiso, en la levedad siempre vivo en presente y estoy con todo mi ser, con todo mi cuerpo, con toda mi alma en el momento, y cuando estoy en el momento hago un agujero negro en la conciencia, ese agujero negro que es milagroso, es un vórtice de conciencia que entra en el momento del presente.
En ese vórtice de conciencia cabe la paz, y cabe el amor; no hay paz sin atención, no hay paz sin presencia en el momento y si no hay paz no puede existir amor; y si no hay amor no hay una genuina relación humana.
Esta condición, la levedad, que desde el punto de vista de la tradición cristiana ha sido llamada el estado de gracia, es un estado de alegría interna, de coherencia interior, de transparencia sublime; es como vivir el poema y el arte vivo de la vida desde el interior. Tu estás alegre no porque si o porque no, no porque te den casa, carro y beca; tu estás alegre porque si, aunque tiemble, aunque haya crisis, aunque el mundo se caiga, aunque te duela.
Esa levedad se adivina en los ojos del moribundo. Yo veo los pacientes en su fase final que de pronto tiene unos ojos de una chispa de una luz, de una dulzura tan infinita, que yo me pregunto ¿Dios mío dónde está ahora su conciencia? ¿ Dónde existe tanta armonía en el universo? ¿Dónde existe tanta luz y tanto amor que pueda transmutar y transformar el dolor de esta manera?. Esa levedad se ve fácilmente en los ojos de un niño que son transparentes; uno se puede mirar en el lago de los ojos de un niño como mirándose en el alma, por eso decimos: los ojos son el espejo no solo del cuerpo sino el espejo del alma, los ojos son un universo terapéutico; hay muchas canciones que dicen: se me quema la piel cuando estás a mi lado o me matas con esa mirada o tus ojos de fuego, esto literalmente es cierto.
Con todos los sentidos podemos traducir ese sentido fundamental de la vida que es el amor y el sentido fundamental de la vida es concentrar y consagrar todos los sentidos a ese sentido de vivir con amor. y Lo podemos lograr desde la, levedad, que es gracia.
Yo no tengo que ir con las tarjetas de crédito y entregar todo lo que tengo, pero puedo empezar con los pequeños detalles en este momento, ahora y aquí. Yo no puedo esperar que tumben la ley 100 o que dejen de matar, o que se acaben las zonas de distensión para asumir mi compromiso de sanar la vida. Sanar la vida empieza en cada instante, ahora y aquí en el interior de mi corazón cuando yo asumo el compromiso de atender al presente, de vivir el presente, de ser coherente, de recordarme de mi, de no ser una veleta al viento, de tener conciencia interior, de tener y lograr conciencia de lo que soy. Normalmente nosotros estamos atrapados en el amor infantil, el amor inmaduro. Antes de la madurez del amor le ponemos muchas condiciones a la vida, es como si con toda nuestra actitud, con todo nuestro pensamiento, con toda nuestra vida le estuviéramos preguntando a la vida qué espero yo de la vida y obviamente esa pregunta es mortal, porque si la vida no me da lo que yo espero de ella, soy infeliz, pierdo mi alegría y no tengo levedad; pero si cambio la pregunta y trasciendo desde ese estado inmaduro del amor infantil, en el que creo que la vida me debe y me tiene que regalar, y yo empiezo a plantearme la otra pregunta: ¿qué espera la vida de mi? Esa pregunta es mágica, liberadora, no pregunto qué me vas a dar sino qué te puedo dar en este momento.
Como médico, como paciente, como mamá, como papá no puedo dejar escapar el momento para dar lo que yo tengo, para dar a la vida. Y la vida es supremamente sencilla, recibimos de aquello que damos. Si nosotros pedimos a la vida pero no le damos nada a la vida no nos podemos quejar; si yo pido compañía, pero lo único que yo puedo aportarle a la vida es mi propio resentimiento y mi propia miseria pues no tengo derecho a quejarme, realmente cada uno de nosotros tiene algo fundamental para dar.
Yo tengo muchos pacientes muy deprimidos, que dicen que no tienen energía pero eso no es cierto; cuando uno hace un análisis de un paciente con depresión, frecuentemente son los que más energía tienen, pero es una energía reprimida, no utilizada.
La energía que no empleamos es tóxica, es como el agua detenida que se daña; el agua de la vida, que es amor, está destinada aG fluir, para ser corriente pero cuando no es corriente, cuando no se da de beber al otro esa agua se estanca y nos intoxica; nada más tóxico que el amor retenido porque se vuelve un resentimiento, un sentimiento que se vive y se revive hasta que nos destruye por dentro.
Cuando no estamos dando nuestra medida, cuando la vida nos ha impedido dar de lo que somos, cuando yo soy un músico y un poeta y me han obligado a ser chofer, cuando en mí hay un Mozart y un Beethoven y me han obligado a tocar un tambor, realmente en ese momento estoy nadando contra mi corriente. Y cuando estoy yendo contra la corriente del alma, la corriente que produce de la nota fundamental de mi vida, me empiezo a desgastar.
Así que no es cierto que nosotros tengamos que hacer tantas cosas por la
gente. Solo tenemos que enseñarles a utilizar su conciencia, su energía, su propio potencial. Nuestra medicina está enferma de dependencia, los problemas médicos no se pueden resolver desde las instituciones de salud, se resuelven desde adentro no solo desde afuera; las instituciones de salud son necesarias pero si nosotros simplemente despertáramos al otro en la conciencia de lo que es su cuerpo, en su relación con la naturaleza, se acabarían el 70% de las enfermedades crónicas y si el 70% de las enfermedades crónicas que vienen de un estilo inadecuado de vida se acaban, nos sobraría plata en los sistemas de salud.
Entonces qué hacemos aquí cogiendo pacientes y sacándolos río abajo para darles respiración boca a boca en lugar de ver quién los tira río arriba desde el puente.
Estamos perdiendo el tiempo realmente. Nuestra medicina debe transformar su esencia misma, en el seno de una nueva cultura que trascienda un sistema consumista de dependencia, para que rescatemos la responsabilidad dentro de cada cual y despertemos a esa nueva crisis que se llama la crisis de responsabilidad.
 
Capítulo 5
 
Existen entonces 3 crisis: de sensibilidad, del despertar y la crisis de la responsabilidad.
En la crisis de la responsabilidad yo sé que yo no termino en mi piel, yo se que mi proyecto de vida no termina en mi propio territorio, yo se que el poder no lo da el territorio. Vamos a mirarlo en otra perspectiva, la del mundo de la ilusión. Hemos identificado la vida y el sentido de la vida primero con el cuerpo, entonces estamos tan felices y jóvenes como nuestro cuerpo o tan infelices y arrugados como nuestras arrugas y nuestra edad y nos identificamos con la imagen que se refleja en el espejo. Es terrible, pues construimos una cultura que concluye en el gimnasio y los cuentos de la eterna juventud. Nos olvidamos de la calidad de la vida; somos esclavos de la máscara, del cuerpo, de la apariencia, de la chequera, del carro, de todo eso... esa es la primera gran ilusión y la primera gran confusión.
La segunda confusión es pensar que el sentido de la vida viene del deseo, entonces nos dedicamos a complacer el deseo, a obtener placer, es la vida del placer, y mientras más placer buscamos, más insaciables nos volvemos hasta que caemos en la total dependencia del placer y somos aún mas infelices. La pregunta no es la de si algo nos genera placer, sino la de sí a la larga nos hace felices.
La tercera gran confusión es la esclavitud del éxito y del poder. A mí me maravilla ver como tantas personas se suicidan en el pináculo del poder, a mí me sorprende ver como las estadísticas más recientes sobre suicidios, en personas jóvenes tu les preguntas: ¿Tenías una compañera?, Si tenía una compañera, ¿tenías una familia?, Si tenía una familia, ¿tenías salud?, Si tenía salud, ¿te iba bien en la universidad?, Si me iba bien en la universidad, ¿entonces por qué atentaste contra tu vida?, Responden: porque mi vida no tenía sentido.
No basta tener una compañera, no basta tener salud física, no basta tener todas las complacencias, no basta tener toda la riqueza externa; a veces nuestra principal riqueza es nuestra pobreza; a veces la pobreza es el entrenador que nos puso la vida para poder crecer; a veces nuestra principal pobreza es la ausencia de crisis que nos confrontan, que nos sacuden, que nos digan estamos vivos. Que viva la vida aunque la vida a veces se rubrique con la muerte, pero estamos vivos y la vida es conciencia.
Tenemos esas crisis pero esas crisis nos conducen a una crisis mayor que es la crisis de sentido, y la crisis de sentido es descontextualizar nuestra vida de la historia, del propósito de nuestra evolución, del propósito como humanidad.
Cuando viene la crisis del despertar empezamos otra lectura del mundo, esa lectura ha sido denominada por las grandes tradiciones lectura espiritual. La lectura espiritual no es solamente ir a leer la Biblia o el Corán sino a leer en cada evento la cualidad detrás de las apariencias. Detrás de tus ojos negros o verdes, o jóvenes o viejos existe el amor, detrás de tus arrugas hay una belleza infinita que no es la belleza externa que se mide con una cámara fotográfica, sino la que se siente desde el corazón.
Cuando se empieza la lectura espiritual se empieza a ver que detrás de cada apariencia hay una cualidad amorosa, que cada cosa tiene un significado; empezamos a ver que la belleza no es la proporción de las formas externas sino aquello que conmueve el corazón. Bello es lo que toca el corazón, lo que genera armonía interior y esa armonía trasciende la edad, trasciende el tiempo, trasciende la forma; es algo relacionado con el alma, con la cualidad de cada cosa, es el perfume en cada flor, es el sentimiento que te evoca una rosa; es el sentimiento del paisaje no la descripción de las hojas o la química del paisaje, es la música del viento que arrulla tu corazón.
Empezamos entonces a entrar en el código del sentir y el código del sentir es un código de responsabilidad que nace del corazón. Aquí vamos a hacer un pequeño paréntesis para hablar del código del corazón, que fue a lo que vinimos hoy.
El corazón no es una bomba, así lo hemos descrito desde el punto de vista físico, se piensa con el corazón, el corazón es un órgano con conciencia, el corazón representa en nosotros la ley del amor que es la ley del dar; todo lo que el corazón recibe lo da transmutado, toda la sangre venosa transmutada en sangre arterial es bombeada segundo a segundo a todas las células del cuerpo. El corazón acaricia con su música todo el cuerpo, no solo con su sangre también con su música, él produce un sonido tan especial que cuando a los niños quemados les ponen el sonido del corazón de su madre, a través de un audífono, se les quita el dolor y se bajan mucho las necesidades de morfina y analgésicos porque lo vuelve a poner en resonancia con esa memoria trascendental del amor.
El corazón produce una onda electromagnética que es como música, que acaricia todas las células; el corazón produce una onda de presión, el corazón produce muchas ondas electroquímicas. Se han descrito siete patrones de resonancia global que bañan segundo a segundo cada célula desde el corazón.
Cuando yo tomo el electrocardiograma en el abdomen de una madre, de una mujer que está en embarazo, al quinto mes me encuentro una cosa muy simpática; veo el electrocardiograma de la madre, y a caballo sobre la onda materna, el electrocardiograma del bebe. El electrocardiógrafo es un instrumento en el que eliminamos el ruido de otras ondas eléctricas y las filtramos para solo tener la onda electrocardiográfica. Sin embargo, si yo quito los filtros de lo que llamamos "ruido" y pongo un electrodo del electrocardiograma en la cabeza, ¿qué voy a ver?. Registro la onda del electrocardiograma y sobre esa onda, a caballo, la onda del electroencefalograma, todos los ritmos del cuerpo desde el punto de vista eléctrico van a caballo del electrocardiograma.
El electrocardiograma es alrededor de 5000 veces mas potente en su emisión eléctrica que la emisión eléctrica del cerebro, el registro electrocardiográfico se puede registrar con aparatos sensibles a mas de tres metros de distancias. Literalmente te estoy envolviendo con mi corazón cuando tu estas frente a mí, pero lo más importante no es eso. Lo más importante es que el electrocardiograma, el ritmo electrocardiográfico está directamente en relación con mi estado de conciencia. Hay una cosa muy linda en investigación en la nueva cardiología que se llama la coherencia cardiaca, la cual consiste en que cuando una persona experimenta un estado de amor impersonal, su ritmo cardiaco se sincroniza totalmente y sincroniza el electroencefalograma. Porque en el electroencefalograma a veces van ondas beta por aquí, alfa por acá, es como un mercado persa donde todo el mundo grita, es la loca de la casa que barre en todas las direcciones.
Nuestro pensamiento es totalmente desordenado, pero cuando se alcanza ese estado de coherencia en que hay una sincronización interhemesferica, se alcanza también un estado de coherencia de toda la emanación energética; porque nosotros emitimos energía, yo emito luz en el sector infrarrojo, ultravioleta y muchas longitudes de onda del rango invisible. Yo puedo hacer una medición de esa luz que estoy emitiendo, permanentemente estoy bañado por luz que entra y que sale de mi organismo. Pues bien, cuando todos los estados entran en coherencia, el hombre puede producir una onda sanadora, esa onda se puede medir sobre cultivos bacterianos, es decir no es un asunto de sugestión, porque yo no puedo sugestionar una bacteria. También sobre cultivos de hongos, se puede medir, sobre el ADN, que es el computador central del código genético.
Nuestra biblioteca genética está contenida ahí y una persona amorosa, es decir entrenada en este sentimiento de afecto impersonal, puede producir en laboratorio una polemirización o una despolemirización de la cadena básica del ADN, de la doble cadena del ADN; o sea que estamos hablando de algo trascendental. Si eso ocurre invitro ¿qué no ocurrirá ¿en vivo?.
Pero vamos aún mas lejos, existe un libro muy bello del cardiólogo americano, Paul Pearsall que trabajaba todo el asunto de los transplantes, titulado "El Código del Corazón". En ese libro él empieza a registrar cosas bizarras con los transplantes del corazón ya que alrededor del 10% al 15% de los pacientes transplantados del corazón experimentaban sensaciones y comportamientos absolutamente desconocidos para ellos y para sus familias.
Paúl Pearsall demuestra cómo el corazón tiene un código de conciencia que se puede transferir; los tibetanos lo conocen hace mucho tiempo. Hace 1700 años, en sus practicas terapéuticas esenciales está el powa, que es el arte de morir, pero también el arte de transferir la conciencia.
En el mundo científico occidental empezamos a ver la realidad del código del corazón, a ver que hay una ciencia, que es la ciencia del amor. Podemos preparar nuestro cuerpo para el amor, podemos preparar nuestra fisiología para el amor; hay dos fisiologías básicas: una fisiología de fuga o una fisiología de amor, la fisiología de amor es de apertura.
Yo estoy abierto al mundo, a la vida, a ti; soy un surco para que se siembre la semilla de la vida; la fisiología de fuga, es la fisiología del temor y ahí no puede existir el amor.
En una conferencia que Paul Pearsall daba, aparece una psiquiatra y comenta una experiencia que hizo llorar a todo el mundo, confirmando lo que es la transferencia de la conciencia. Una niñita de alrededor de 7 años fue asesinada, su coranzocito fue transplantado a otra niñita de más o menos la misma edad, poco después del transplante la niña transplantada empieza a experimentar pesadillas sobre el asesinato, tan vívidas que describía al asesino, y esta siquiatra y su familia llamaron a la policía; gracias a la descripción de esta niña fue posible capturar y hacer confesar al asesino.
¿Dónde está esa memoria? A un paciente no se le dice de donde viene su corazón, si era viejo, joven, que hacía, en fin por obvias razones éticas, pero dónde existe esa memoria?.
Sin embargo no es una memoria única. Que podrá ocurrir en vivo cuando mi corazón y tu corazón, como dos péndulos, se sincronizan, cuando yo puedo enviarte la onda coherente del amor para sincronizar energéticamente tu vida. ¿Que milagros pueden ocurrir en la época en que la ciencia empieza rescatar el amor en términos fisiológicos, en términos sociológicos y la teología la empieza a rescatar en términos del alma, del cuerpo místico de Cristo, del alma colectiva?, Realmente nosotros estamos en un proceso permanente de transplante de energía, eso es la responsabilidad.
Yo quisiera ver a alguien fuerte y vigoroso acá, para hacer un simple test bioquinético, es muy sencillo. Yo voy a tratar de bajarte la mano y tú a tratar de que no baje, vas a hacer toda tu voluntad de que no baje la mano, y yo voy a tratar de bajártela con dos dedos de mi mano izquierda. Ahora ustedes simplemente imagínense que este es un pobre enclenque, que no tiene fuerza, y él va a tratar de resistir todo lo que pueda sin poder lograrlo.
Ahora piensen que tiene mucha fuerza y verán que es imposible bajarle la mano.
En un simple pensamiento banal, jugando ustedes no saben las cosas que tienen que ocurrir desde el punto de vista neuropsicológico. Los millones de circuitos, etc. pero cuando un pensamiento tiene un sentimiento es mucho, mucho mas penetrante. Cuando ese sentimiento es de odio tu puedes estar en París pero con seguridad desde la conciencia mi odio allí donde esté, te toca y mi resentimiento también. Por eso cuando la gente está en el lecho de la muerte tiene tan urgente necesidad de perdonar, de bendecir, de ser perdonado, porque esto es desde el punto de vista energético totalmente real.
Estamos inmersos en un mar de conciencia colectiva, no se necesitan transplantes físicos, literalmente los unos y los otros estamos intercambiando y procesando información. Yo veo que cuando las bombas y asesinatos se disparan empezamos a tener hipertensiones y úlceras, porque la gente está respirando una atmósfera emocional envenenada y tenemos nosotros que ayudarles a despertar su ternura y su amor y su compasión en lugar de su miedo, para que puedan procesar este tipo de cosas.
A lo que yo quiero que lleguemos es a ese mensaje básico de que todos estamos en ese intercambio de energía de tal manera que todos somos responsables de todos, desde el pensar, desde el sentir, desde el actuar, desde la acción y desde la omisión.

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